Por: Diego Miranda C. / Erika J. Rivera
Democracia en un sentido amplio
Diego Miranda C. (DMC): La democracia
en esencia tendría un origen que se remonta a la antigua Grecia y en la que se
pueden diferenciar varios elementos un tanto ajenos a los que se aprecian en lo
contemporáneo. Esta consistía en un sistema político que defendería y
priorizaría al pueblo y su derecho a tomar decisiones, lo que terminaría
involucrando de forma directa a los ciudadanos.
” No existía la ‘representación’ tal como la
conocemos ahora, sino que los gobernantes eran elegidos alternativamente entre
los ciudadanos, no por sus méritos, sino por su condición de ciudadanos. Estos
a la vez eran quienes tenían el derecho y el deber de asistir a las asambleas
ya que la autoridad de la misma era absoluta”[1].
En ese sentido se podría evidenciar que en
esencia la democracia consistiría en proporcionar un mayor grado de
participación a la sociedad. Hoy en día hemos reducido esta actividad a la mera
participación electoral donde se pretendería relegar nuestras responsabilidades
ciudadanas a un grupo determinado de representantes, cuya probidad especulamos
y exigimos a la vez, este concepto el de la democracia a lo largo de la
historia ha atravesado una ingente cantidad de trasformaciones amplificando
ciertas características en desmedro de otras, las que se constituían como eje
central de la representación. Nuestra incapacidad de dialogar y buscar un
circunstancial consenso a partir de la deliberación sería uno de los
principales problemas al momento de pretender construir una verdadera
democracia.
La división maniqueísta entre amigo y
enemigo se desarrolló a lo largo de la historia, ya en la Revolución Francesa
se dio a mano de jacobinos y girondinos, los girondinos quienes reprobaban las
prácticas violentas de Robespierre y que al mismo tiempo se desenvolvían de
manera moderada, en cambio los jacobinos llevaban al extremo la revolución que
incluso silenciaban a sus contrarios por medio del terror.
Similar actitud sucede con el marxismo cuyo
relato consiste en la lucha entre la burguesía y el proletariado, donde esta
división termina generalizando a todos los elementos de la sociedad. Ya lo dice
Marx en el Manifiesto Comunista “La
historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las
luchas de clases”[2]. La
pretensión taxonómica de Marx se ve respaldada por el metarrelato del
Materialismo dialéctico.
Erika J. Rivera
(EJR): Los procesos de modernización
y democratización de las últimas décadas han producido en América Latina y
Bolivia un orden social muy complejo, que como tal muestra elementos de
inestabilidad e ingobernabilidad[3].
Debido a esta situación no es conveniente aplicar una teoría maniqueísta, que
analice la realidad social contraponiendo a dos fuerzas únicas que mutuamente
tratan de destruirse[4].
En el caso boliviano la oposición radical entre “Pititas” (derecha) versus
“Masistas” (izquierda) no es adecuada, porque muy diversos actores han
intervenido durante el último tiempo en la política nacional creando un
universo ideológico y político cambiante y difícil de reducir a un solo tipo de
explicación interpretativa.
La constelación boliviana actual puede ser
vista como una primera reacción muy vigorosa contra un régimen autoritario que
pensaba perpetuarse en el poder, pero esta corriente estaba constituida por
actores plurales sin una coordinación visible entre ellos. El principio común
ha sido probablemente un intento de retornar a la democracia pluralista y
multipartidaria que existía hasta 2005, con el aditamento de un fuerte factor
ético, como ha sido la lucha contra la corrupción y la manipulación
gubernamental del aparato judicial y de la administración pública.
Existen, por supuesto, muy diferentes
definiciones en torno al “fenómeno democrático”[5],
que establecen importantes distinciones entre la democracia directa, la
representativa, la formal-política, la social, la poliarquía y otros modelos
menores[6].
En Bolivia y en las últimas décadas se ha
tratado de establecer una democracia en sentido muy amplio, que permita la
participación efectiva de todos los grupos sociales, étnico-culturales,
regionales y de diferentes edades, lo que sin embargo, ha causado una enorme
discusión pública, pero pocos resultados prácticos. Esto se percibe claramente
en el funcionamiento muy convencional del Parlamento Nacional y en las
Asambleas Departamentales.
Participación de las nuevas generaciones en política
DMC: Las nuevas
generaciones que pretenden aventurarse a la actividad política se encuentran claramente
condicionadas por el adoctrinamiento que les imponen los diferentes partidos
políticos, el espíritu crítico queda al margen de cualquier planteamiento que
no se inscriba en las disciplinas al interior de cada partido, en nuestro medio
actualmente la lucha entre (Pititas) sector de derecha que habría sido parte de
las protestas de Noviembre y los (Masistas) sector de izquierda que tendría una
nueva representación electoral para estas elecciones se enfrascan en una lucha
de la cual se beneficiarían de forma inmediata las viejas castas políticas para
que después estos grupos sean instrumentalizados y que terminen, como decía
Zavaleta, en “morir como perros para que otros coman como chanchos”[7].
EJR: Sobre
la participación de las nuevas generaciones en política es indispensable en
nuestro contexto reflexionar acerca de la llamada revolución de las pititas, la
cual no ha modificado la estructura institucional del Estado boliviano, pero sí
un empoderamiento mayor de grupos urbanos juveniles con una pluralidad de
orientaciones ideológicas. El resultado de todo este proceso es incierto, por
lo que se puede afirmar que la coyuntura política contemporánea es altamente
volátil[8].
La postergación de las elecciones generales, la irrupción de la pandemia del
coronavirus y la consecuente amortiguación de toda actividad política nos
impide un análisis exacto de la coyuntura actual. Las pocas actividades de la Asamblea Plurinacional
con efectos práctico-políticos nos muestra precisamente esa ambivalencia
mencionada de la coyuntura actual: por un lado el Poder Legislativo parece
facilitar un entendimiento con otros sectores al aprobar una ley consensuada para
las elecciones, pero al mismo tiempo este órgano estatal se dedica a
obstaculizar irracionalmente una componenda política de largo plazo, como por
ejemplo el debate sobre la agricultura transgénica, la situación de la salud
pública, la protección del medio ambiente y otros temas neurálgicos[9].
Coyuntura, elecciones generales y antagonismos entre
Masistas y Pititas
DMC:
La dualidad de poderes y el contrapeso de las cuestiones relacionadas a
las perspectivas que tienen ambas posiciones deben ser tratadas de forma más
plural y participativa, ya que en esencia la democracia consistiría en eso, en
la discusión y el debate de polaridades contrapuestas que impiden un
acercamiento para buscar ejes de acople que permitan generar alternativas entre
visiones en apariencia contrarias esto sería un claro avance con relación a lo
democrático, dejar de lado posiciones demagógicas y dogmáticas para llevar a la
praxis las ideas que se tienen, no con un la finalidad de un horizonte utópico
de consenso, sino con la pretensión de elaborar un marco normativo entre ambas
posturas que nos orienten a todos a disolver las diferencias que impiden este
acercamiento. “La unidad antropológica básica de la humanidad, la comunidad de
metas normativas últimas de desarrollo y la similitud de sueños y anhelos y así
mismo de prejuicios y aversiones parecen sobreponerse a todas las diferencias y
disparidades”[10].
Vivimos en una sociedad colmada de hábitos
de desacatamiento. Estas diferencias deberían de disolverse en el Estado como
un ente en el cual se van concentrando las voluntades individuales reflejadas
en las ánforas de la participación electoral. En nuestro caso y en la actual
coyuntura política esta es la razón del descontento por parte de ambos grupos,
ya que el régimen transitorio de Añez carece de legitimidad, la cual le impediría
objetivar las decisiones que toma como parte de la voluntad popular.
La actividad política de las jóvenes
generaciones que no desean formar parte de ningún partido político, deben
articularse por medio de asambleas populares que les permitan reflejar sus
inquietudes y materializar sus propuestas, ya que en nuestro medio todavía no
se entiende que al interior de cada partido se producirían oposiciones y luchas
de ideas las cuales reflejarían las contradicciones de clase, o de lo viejo y
lo nuevo que serían parte de la dialéctica del desarrollo interno de cada grupo
político[11].
EJR: Dentro
de la coyuntura se halla la actividad de los intelectuales, quienes también se
han polarizado entre los defensores del anterior régimen populista y los
caóticos defensores de la democracia liberal. Ante esta situación y los
problemas recién mencionados, los intelectuales, tanto de izquierda como de
centro y derecha, no han podido presentar alternativas válidas para la
reorientación de la política boliviana a largo plazo. Lo que sí se puede
observar es que las voces de los intelectuales de todas las tendencias no están
claramente articuladas con los deseos y las esperanzas de la ciudadanía,
especialmente con las clases de menor poder adquisitivo y menores oportunidades
de educación[12]. Los que hablan a nombre
de los sujetos subalternos reproducen la misma distancia social tradicional
entre los que orientan y los que trabajan, preservando, aunque sea sin querer,
las jerarquías sociales diferenciadoras. Se puede, por lo tanto, afirmar que la
construcción de un metarrelato politológico que englobase a toda la sociedad
sigue siendo una meta incumplida.
En la actual coyuntura hay que resaltar el
rol creciente que juegan los jóvenes a nivel mundial, donde se discuten medidas
incluyentes como la rebaja de la edad electoral, la instauración de cuotas para
sectores juveniles de órganos representativos y administrativos del Estado y la
creación de escuelas, universidades e institutos de formación que correspondan
a las necesidades del presente y a la vocación sociopolítica de los jóvenes.
Así se evitaría, aunque sea parcialmente, la transformación de la juventud en
un mero engranaje de la sociedad y en un factor sin voz propia de la política[13].
[1] Miranda, Diego, La
democracia comunitaria como la puerta a un cambio paradigmático, en: https://dondiegox2020.blogspot.com/2019/12/la-democracia-comunitaria-como-la.html
[consultado el 31 de junio 2019].
[3] Edelberto Torres-Rivas, “América Latina:
gobernabilidad y democracia en sociedades en crisis”, en: Nueva Sociedad
(Caracas), Nº 128, 1993, pp. 88-101; Antonio Camoux, “La múltiple
(in)gobernabilidad: elementos para un análisis conceptual”, en: Revista mexicana de sociología, vol. 62,
Nº 4, octubre-diciembre 2000, pp. 159-188.
[4] Mariano Fazio, Secularización y Cristianismo. Las corrientes culturales
contemporáneas, Rosario (Argentina): Ediciones Logos, 2014, pp.103-118.
[5] Reinhard Friedmann / Sergio Micco / Eduardo
Saffirio, Introducción a la politología, Santiago
de Chile: Fundación Friedrich Naumann, 1995, p. 2.
[7] Zavaleta, René, Las
masas en noviembre, Primera Edición, Editorial Juventud, La Paz Bolivia , 1983.
[9]
[Sin autor], Herramientas de
exigibilidad de los derechos económicos, sociales y culturales, La Paz : CBDHDD, 2003.
[11] Mao, Tse-Tung, Sobre
la contradicción, Centro de publicaciones de la Facultad de Humanidades, La Paz 1984.
[12] Abdón Zárate / Ireneo Uturunco, Historia política de las naciones
originarias, El Alto: s.e., 2017, pp. 276-282.
[13]
Véase un temprano testimonio sobre la complejidad de la evolución social
del presente, que influye sobre el involucramiento juvenil: Rodrigo Ayala y
otros, Conflictos. Una mirada hacia el
futuro. La Paz :
Fundación Friedrich Ebert / ILDIS, 2009, pp. 265-294; Ministerio de Justicia /
Viceministerio de Igualdad de Oportunidades, Informe Nacional sobre la situación de la juventud en Bolivia, La Paz : s.e. 2014.


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